Son las 23:40 de un martes.
A alguien le duele una muela desde el domingo y por fin se decide. Coge el móvil, busca en Google, entra en tu web y escribe.
Nadie contesta.
Normal. Estás durmiendo. Es lo que hace la gente sensata a las 23:40.
A las 23:44 le escribe al segundo resultado. A las 23:46, al tercero. Y uno de los tres le contesta en nueve segundos y le da hueco para el jueves a las 17:30.
Tú te enteras el lunes.
Bueno, no te enteras. Entre los cuarenta y tres mensajes hay veinte preguntando el horario y doce preguntando el precio. Contestas a las 10:20 y te llega un «gracias, ya me han cogido en otro sitio».
Y aquí está lo que te quería contar.
No perdiste esa cita por precio. Ni por calidad. Ni porque el de la otra clínica trabaje mejor que tú.
La perdiste por horario.
Y eso no aparece en ningún informe. Nadie apunta las citas que nunca llegaron.